martes, 19 de octubre de 2010

El escribidor Vargas Llosa y el cargante Cercas
















Marco en blanquita cursiva mis comentarios a este artículo de pomponio Cercas.

La izquierda y Vargas Llosa

JAVIER CERCAS 17/10/2010

Ahora que han pasado unos días desde la concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa ya podemos decir lo obvio: el premio tiene la importancia que tiene, pero nada más.

La doble insistencia en una obviedad, en este caso, es una imbecilidad. La distancia aparentemente intelectual no es otra cosa que basura retórica.

Nada más, claro está, para la obra de Vargas Llosa, a la que ni quita ni añade una coma, no quizá para sus lectores ni para la Academia Sueca, que a juicio de muchos lo necesitaba con urgencia: al fin y al cabo, desde el punto de vista estrictamente literario este premio solo es, como ha dicho Rodrigo Fresán, un retorno a la cordura.

No se trata para nada de un retorno a la cordura, sino de reparar una equivocación: la anterior concesión del Nobel a García Márquez. Cuando se presentó a recoger el premio en Oslo con el blanco liqui-liqui campesino, el colombiano que tuvo quien le escribió hizo ver que era un tipo in-elegante, inmerecedor de tan caprichosa distinción literaria.

Así que, aunque el Nobel no cambie en nada lo esencial, al menos hay que celebrar ese retorno; un retorno que, además, ha provocado interesantes efectos secundarios. Por ejemplo, la alegría indisimulable de los lectores corrientes de Vargas Llosa, muchos de los cuales parecían recién salidos del armario tras un largo encierro: de hecho, a ratos daba la impresión de que a todos les hubieran dado el premio, y de que para ellos sí era importante.

Nueva idiotez. Lo esencial de esta concesión del Nobel a Vargas Llosa es que ha conseguido satisfacer la inconmensurable egolatría del premiado pijastrón. Se gusta Molinita, se gusta. Vuelve a ese feo vicio de forma explícita y por escrito en su artículo (El País) sobre los 14 minutos pasados por él y su circunstancia entre que le avisaron dando el chivatazo de que le iban a dar el premio y la confirmación telefónica.

No es algo tan frecuente, desde luego; no es algo que yo notara por ejemplo cuando se le conceció el Nobel a Cela, cosa que puede deberse solo a que los méritos literarios de Cela no son equiparables a los de Vargas Llosa, y no necesariamente a que esos lectores sintieran que Cela era un hombre opuesto a Vargas Llosa en casi todo, pero sobre todo en esto: aunque casi siempre pareció nadar contra corriente, Cela siempre o casi siempre nadó a favor de la corriente. Ese es otro de los efectos secundarios que ha tenido el premio: ha mostrado de nuevo que, aunque a algunos les parezca que nada a favor de la corriente, Vargas Llosa siempre o casi siempre ha nadado contra corriente.

Vargas Llosa nada contra corriente: Una afirmación que necesita demostración. ¿La campaña de V.LL. para ser elegido Presidente de Perú, defendiendo el programa de la ultraderecha más neocón, fue un gesto o gesta contra corriente? , ¿Aspirar al poder político por la cara es ir contra corriente? Afirmativo es la respuesta, porque fue una ilustre cacicada, muy de fino “intelectual “engagé”, ” ese ir a contra corriente de las opciones de izquierda o, incluso, de la derecha moderada. Ese ilustrado balandroneo sí que fue de un cabrón bien contracorriente.

Uno de los comentarios que más hemos leído estos días en los periódicos a propósito del nuevo Nobel ha sido el siguiente: "Admiro sus obras, pero no siempre comparto sus ideas".

Soporté (aunque con el desagrado que me producía el tono atufantemente fatuo del escribidor) las primeras obras de V.LL. precisamente porque emanaban de unas ideas (su visión de la jugada) que me eran compartibles. También ocurrió posteriormente con “La fiesta del chivo”, notable mosaico de época con el dictador Trujillo como protagonista. Sobre el mismo tema, se puede leer la admirable y profunda novela de Vázquez Montalbán "Galíndez". Los artículos escritos en estos ya largos últimos años por V.LL. para El País me parecen bazofia de luxe, defensas rastreras de políticas que hemos comprobado nefastas.

Dicha así, la frase es extraña, o a mí me lo parece: si ni siquiera comparto siempre mis propias ideas, ¿cómo voy a compartir siempre las de otra persona? Pero en el fondo todos sabemos que la salvedad alude a algo distinto: al hecho de que Vargas Llosa es considerado, en tanto que intelectual -es decir, en tanto que escritor que interviene con sus escritos en la cosa pública-, como un conservador, como un hombre de derechas, si no como un reaccionario o como un autoritario. La prueba es que los matices a su premio siempre los ha puesto la izquierda, mientras que la derecha lo ha recibido como un premio a uno de los suyos; mejor prueba aún es el hecho de que esa reputación es la causa más probable de que la Academia Sueca solo le haya dado este año un premio que merecía desde hace 30.

¿Por qué merecía este premio V.LL. hace 30 años, cuando todavía estaban vivos Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Mujica Laínez, Juan Rulfo y Ernesto Sábato? Y todavía ahora que está vivo Carlos Fuentes. Este Cercas, novelista espurio, es un ignorante en aspectos básicos de la literatura en español de los últimos, digamos, 50 años. De lo anterior, ni flores.

Pues bien, lo que habría que decir de entrada sobre este asunto es que, sea o no un intelectual de derechas, Vargas Llosa es un intelectual singular.

Y tan singular: su obra periodística, al menos la que yo conozco desde El País, tiene palpables evidencias de estar escrita al dictado del pensamiento neocón y otras entelequias igualmente nocivas. Cualidad ésta de amanuense venal que revela a V.LL. como negación del pensamiento independiente, cualidad sine qua non del intelectual, de derechas o de izquierdas. O mediopensionista.

Primero porque siempre ha servido a las causas que defiende y nunca se ha servido de ellas.

Falso. Su intervención en las presidenciales de Perú estuvo subsidiariamente al servicio de su egolatría, también al servicio de quienes le pagaron la campaña, cuya financiación no salió del bolsillo del escribidor.

Segundo porque siempre está dispuesto a contrastar sus ideas con la realidad y, si la realidad lo exige, a rectificarlas.

¿Acaso ha rectificado y pedido perdón a los peruanos por hacer de cuña contra el socialdemócrata moderado Alan García y propiciar que el país cayera en manos del repugnante populista Alberto Fujimori? Acaso no defendía V.LL. que el proyecto de Alan García era el horror por intentar la estatización de la Banca peruana. Y puestos ya a hablar de imposturas políticas, sigo con ese Alan García al que se le ha hecho la boca un culo: ahora que gobierna no es más que otro mierda, que asegura que fue un tremendo error aquella disgresiva aventura de la estatización de la Banca. Estamos hablando de un país (como la Argentina de Medem y demás) en el que banqueros y gobernantes se roban el dinero, lo sacan del país y, a renglón seguido, si te he visto, no me acuerdo.

Tercero porque en su evolución política desde las simpatías revolucionarias de su juventud hasta el liberalismo actual (no es liberalismo sin más, es ultraliberalismo neocón, el mismo de Bush, el Tea Party y Esperanza Aguirre) hay una coherencia profunda, como comprobará quien se dé el gusto de leer los volúmenes sucesivos de Contra viento y marea, donde entre otras cosas hallará una descripción razonada de esa trayectoria y, por ahí, un instrumento indispensable para entender la vida intelectual de los últimos años. Y cuarto -esto es un corolario de lo anterior, y quizá también lo más importante- por una cuestión digamos de estilo. Como pensador, como polemista, Vargas Llosa es un liberal de verdad: nunca confunde, según diría Alejandro Rossi, un error intelectual con un error moral; es decir, nunca ataca a las personas sino a las ideas de las personas -nunca considera que un hombre equivocado es un hombre inmoral-; y, cuando ataca las ideas, nunca lo hace caricaturizándolas, es decir debilitándolas, lo que en un pensador es síntoma de intolerancia y de impotencia, cuando no de vileza, sino exponiéndolas con la máxima fuerza, rigor y nitidez para luego lanzarse a refutarlas en buena lid y en campo abierto.

Se ve que Cercas desconoce, o quiere desconocer a sabiendas, las descalificaciones (fundamentalmente inmorales) vertidas por V.LL. en su fracasada campaña presidencial.


Esto no es de derechas ni de izquierdas, ni reaccionario ni progresista: esto es algo que está mucho antes que todo eso y se llama honestidad y coraje.

Para Cercas debe ser de una gran moralidad intervenir en política, fracasar y no habiendo conseguido el objetivo de apandar con el poder, abandonar la política, abandonar a partidarios y votantes a su suerte (mala). Es decir, o gano y me invisto tiranuelo "democrático", o pierdo, renuncio a hacer oposición política parlamentaria y me vuelvo a mis asuntos fuera del país. Un mierda.

Pero hay más. El mejor artículo sobre Vargas Llosa que he leído tras la concesión del Nobel apareció en este periódico y lo firmó Juan Gabriel Vásquez, que no en vano es un heredero legítimo de Vargas Llosa háganse un favor y compruébenlo leyendo su novelaLos informantes). El artículo se titula El malentendido Vargas Llosa y, como corre el riesgo de haber quedado enterrado entre la hojarasca que hemos publicado otros, me permitiré recordar su contenido. Vásquez sostiene que solo quien no ha leído a Vargas Llosa o lo ha leído con anteojeras puede afirmar que es un intelectual de derechas o conservador, no digamos reaccionario o autoritario, porque la verdad es que "pocos como Vargas Llosa han defendido las ideas que la mejor izquierda ha reclamado tradicionalmente para sí".

¿Qué coño de ideas defiende V.LL. que tengan ver con qué narices de “mejor izquierda”? ¿Qué coño sabe Cercas de izquierdas mejores o peores? ¿De qué y de quién coño habla?


No solo lo ha hecho en sus novelas, furiosos alegatos contra el fanatismo, contra el autoritarismo, contra el militarismo, sobre todo contra los abusos del poder; también lo ha hecho en sus ensayos y artículos, donde ha defendido la libertad individual, el derecho al aborto, la igualdad para los homosexuales, la legalización de la droga y donde ha atacado el nacionalismo de cualquier especie (y no solo, paisanos catalanes, el nacionalismo catalán). Por supuesto, no todas las ideas de Vargas Llosa -y en particular su liberalismo económico, por cierto menos radical y desde luego mucho menos ingenuo y más elaborado de como lo pintan sus detractores- parecen inmediatamente útiles o aceptables para la izquierda; pero lo que me parece seguro es que es imposible que la izquierda salga del atasco ideológico y la consiguiente parálisis práctica (y ahora Cercas larga un vaporoso pedo de paparruchas y blablablá. Que la izquierda es víctima del pensamiento débil, pues sí, pero que esto lo vayan a arreglar V.LL. y Cercas es otra gilipollez pedantérrima) en que lleva mucho tiempo metida si no es capaz de discutir con seriedad ideas como las de Vargas Llosa, si no deja de demonizarlas sin esforzarse en entenderlas, si no olvida sus nostalgias autoritarias y su complacencia con tiranías y nacionalismos, si no acepta sin resignación que no hay justicia sin libertad y no entiende con entusiasmo que la democracia debe conseguir que libertad y justicia, esas dos verdades contradictorias -por usar la expresión de Isaiah Berlin que aprendimos en Vargas Llosa-, acaben conviviendo con armonía. Regalarle Vargas Llosa a la derecha (Tergiversación: V. LL. se dejó comprar por la derecha y, por utilizar la propia expresión de V.LL. en su primera novelística, “ahí fue cuando la jodiste Molinita”) es un pésimo negocio para la izquierda, igual que fue un pésimo negocio regalarles Orwell y Camus, que nunca quisieron saber nada de la derecha. De ahí, me parece, vienen muchos de los males del pensamiento de la izquierda: de su sectarismo, de su rigidez, de su miedo a salirse del camino trillado, de su miedo a afrontar la realidad como es para cambiarla, de su miedo a la izquierda autoritaria, obsoleta, fracasada y cerril que parece la mala conciencia de la mejor izquierda.

Cercas condena de forma genérica a toda la izquierda. Un gesto obscenamente mentiroso por totalizador e ignorante. Mal estilo. ¿Acaso el casi centenario historiador Eric Hobsbawm (eminencia de la historiografía moderna y marxista valeroso) o los escritores Noan Chomsky, Andrea Camilleri y Juan Goytisolo son deudores del estalinismo, el maoismo o el polpotismo?

En cuanto a mí, solo diré que si la izquierda no es capaz de atender a las razones de Vargas Llosa y hacer suyo lo que tiene de izquierdista -igual que si no es capaz de hacer suyo lo que tienen de izquierdistas Orwell y Camus-, que empiece a pensar en borrarme de la lista.

¿Quién coño ha incluido a Cercas en no sé qué coño de lista de la izquierda?

Javier Cercas es escritor (De baratillo).

Apendice:
En 1983 Vargas Llosa fue nombrado por el entonces presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, presidente de la Comisión Investigadora del Caso Uchuraccay, cuya misión era aclarar el asesinato de ocho periodistas que habían viajado a la aldea para investigar anteriores masacres en Huaychao, en las que sospechaban que podían estar involucrados elementos de las Fuerzas Armadas del Perú. Pese a que la comisión presidida por Vargas Llosa exculpaba a los militares, más tarde se demostraría su implicación en los asesinatos y algunos, como el general Clemente Noel Morán, fueron procesados y condenados a varios años de cárcel.
En 1987, ante los intentos del gobierno aprista de Alan García de nacionalizar la banca peruana, Vargas Llosa se perfiló como líder político, encabezando la protesta contra esa acción. Inició su carrera política fundando el Movimiento Libertad y se presentó como candidato a la Presidencia del Perú en 1990.
Durante gran parte de la campaña electoral, Vargas Llosa fue el candidato favorito. El súbito crecimiento de la popularidad de Alberto Fujimori, quien hasta 15 días antes de la elección aparecía con menos del 10% de las preferencias, forzó una segunda vuelta electoral en la cual Vargas Llosa fue derrotado. Después de las elecciones, se instaló en Madrid. El gobierno de Alberto Fujimori amenazó con quitarle la nacionalidad peruana, por lo que para evitar convertirse en un apátrida, a petición del escritor, el Gobierno español le concedió la nacionalidad española en 1993, sin que tuviera que renunciar a la peruana en virtud al convenio de doble nacionalidad vigente entre ambos países.


Mario Vargas Llosa propone un debate de ideas, nunca ataca a las personas caricaturizándolas ni debilitándolas. Simplemente les extiende el certificado de defunción a los adversarios:

3 comentarios:

sentadita en la sillita dijo...

pues de esta el engolamiento del perueno va a ser aun + insoportable.
no olvidemos que se lo ha quitado a MURAKAMI.
que en vez de leer tú el libro , es el libro que va leyendo tu coco.gracias periquin.
tatis

Anónimo dijo...

¿Socialdemócrata moderado Alan García? Cuántas tonterías has escrito en este texto... Lejos, lejísimos de la realidad peruana, de la trayectoria de Vargas Llosa y de Javier Cercas... Da igual, otro besugo mas....

Anónimo dijo...

Ultraderecha neocón...un socorrido fetiche progre para ocultar la insustancialidad de la izquierda, cuando no la franca y neta inconveniencia.