martes, 22 de mayo de 2007

Marianne Faithfull: "El rock es como una pintura que se va cayendo a trozos"


Marianne Faithfull (Londres, 1946) actuó dentro la programación del ciclo “Cabaret Círculo”. Vida agitada y voz conmovedora, amores y adicciones, enganches y desenganches, años desgaste y recuperación antes de abordar esta gira “Songs of innocence and Experience”. Marianne alcanzó la fama en 1964 con la versión que hizo del tema de los Rolling Stones “As Tears Go By”. Su espléndida discografía es un viaje veraz desde la música popular a la modernidad, por el cabaret y la canción de autor. Su último álbum “Before The Poison” (2006) cuenta con la colaboración de sus amigos P.J. Harvey, Nick Cave y Damon Albarn. Aquejada de un visible y sonoro constipado, la dama de “Broken English” se disculpó ante los medios de comunicación madrileños: “Tengo un terrible catarro. Así son las cosas. Me encantaría ir al Museo del Prado, pero me iré a la cama. No es justo”.

La primera pregunta recabó su opinión sobre la actitud política de otra leyenda del rock femenino, Patty Smith.
“No me considero –preciso la Faithfull- una activista. Lo bueno que salió del movimiento feminista de los años 60 es que las mujeres estén un peldaño más arriba, un poco mejor consideradas. Algo hemos avanzado, pero todavía parte de las mujeres están peor pagadas que los hombres. Es una suerte ser guapa en el mundo del rock and roll, pero tienes que trabajar más para demostrar que eres una buena artista. No es un crimen ser guapa. Ahora hay gente con mucha fuerza, muy guapa, con algo que decir: Missy Elliott, Kylie Minogue, P.J. Harvey, Lily Allen…”

Sonríe cuando se le pregunta si no sería mejor llamar a Mick Jagger el ex novio de Marianne Faithfull, y no al revés:
“Nunca va suceder que se cambie la etiqueta, que Mick Jagger pase a ser el ex novio de Marianne Faithfull. No me gustaría hacerle eso a otra persona. Lo que realmente importa es que yo me veo a mí misma como Marianne Faithfull. Después de la terrible experiencia que tuve el año pasado con el cáncer, me conmovió mucho que Mick me llamara a la una de la mañana al hospital, para interesarse por mi salud. Esta experiencia me sirvió para comprobar lo querida que soy por tanta gente famosa o no famosa, mis amigos de siempre: Yoko Ono, Keith Richard, Anita Pallenberg…”

Marianne se considera una mujer con suerte gracias a que un cáncer de mama le fue detectado a tiempo:
“Me descubrieron la enfermedad en estadio de pre-cáncer, justo antes de que el cuerpo empezara a desarrollar el tumor. Estoy agradecida por estar viva. Aconsejo a todas las mujeres que se hagan una revisión anual. Y a los hombres, que se hagan mirar igualmente la próstata. Cuando yo era más jovencita, no era tan buena como ahora. Con la edad se va ganando experiencia. Ahora soy mejor, tremendamente afortunada”.
“Me gusta –explicó mientras su traductora le ofrecía una tarrina de miel para aclarar la voz- un formato más íntimo para interpretar las canciones. Tengo 60 años. No necesito ser una roquera. Ya lo hice. Es mejor para mi voz no tener que pelear con el batería”.

Preguntada por el anuncio realizado ayer por Mick Jagger sobre la reanudación de la gira del mítico grupo, Marianne afirmó:
“Los Rolling Stones estarán de gira hasta que se caigan muertos. ¿Por qué no? B. B.King estaba de gira con 80 años. A Juliette Greco la acabo de ver en el Olimpia de París, después de recuperarse un cáncer muy malo, con 80 años. Ornette Coleman sigue actuando. ¿Por qué no los Stones? Entre los jóvenes hay cosas muy buenas. Mis amigos jóvenes desde luego son buenos; Rufus Wainwright, Jarvis Cocker, Good Charlotte… Pero la mayoría del rock es como una pintura que se va cayendo a trozos. El mundo se ha convertido en una gigantesca empresa”.

Sobre sus próximos proyectos avanzó:
“Estoy preparando un disco en el que habrá un par de canciones mías, escritas a medias con Nick Cave. Para las demás utilizaré mis dotes de interpretación. No me siento en este momento con el ánimo necesario para ir al lugar donde pueda escribir un álbum entero. Como actriz, siempre estoy esperando que me ofrezcan un personaje muy extraño”.

Acerca de si hay algo que le quede por hacer, si se arrepiente de algo, la Faithfull comentó:
“No pienso tirarme en paracaídas. Quiero escribir más, cuidar un jardín y comprar una casa. Todavía no tengo una casa propia. Lo único que tengo mío es mi ropa. Me arrepiento de no haber sido más agradable con mis padres. Con el resto del mundo ya he hecho las paces. Todos nos arrepentimos de algo, pero no estoy segura de tener remordimientos”.

No se siente Marianne, en términos generales, identificada con el género cabaret:
“No me gusta esa palabra. El cabaret que me gusta es de la República de Weimar, el trabajo que hice sobre la obra de Kurt Weill y Bertold Brecht. No me considero una artista de cabaret. Lo prueba el hecho de que no llevo tacones de aguja”.




Voz después de la batalla
Lejos de toda vanidad que no sea ser ella misma, Marianne Faithfull hizo frente a su catarro con una sobredosis de aplomo y una taza de té. Aunque venía bajo el epígrafe “Cabaret Círculo”, la dama de “The ballad of Lucy Jordan” tan solo hizo una pieza del disco que dedicó al cabaret de la República de Weimar “20th Century Blues” (1996). Y ese tema elegido lo colocó en la despedida: “Don´t Forget Me”, una hermosa canción del excéntrico amigo Harry Nilsson.

Mucho pasado, buen presente y con risueña melancolía de futuro, Marianne escogió algunas de las mejores canciones de su soberbia discografía. El formato musical –guitarras, teclado, bajo, ritmos programados y percusiones- estuvo muy cerca de la estética avanza en su álbum “Broken English” (1979), cuya interpretación fue uno de los momentos cumbre de una noche había comenzado enfilando el destino con “No Regrets”. Después “Guilt” y “Whithout Blame”.

De su último disco “Before The Poison” (2006), esta Faithfull de los ojos tristes hizo “No Child Of Mine” y “Crazy Love”, el tema compuesto a medias con su amigo Nick Cave. Y es que esto de ser amigo de Marianne es como añadir un grado más a la estatura que nos da la vida. El salón de baile del Círculo de Bellas Artes estaba abarrotado. Todas las localidades vendidas. El público de puntillas, aupado sobre sí mismo.

Hubo lucha contra el acoso de esa tos al acecho, pero la voz de la Faithfull ofreció lo que se espera de ella: veracidad. Esa voz grave y solemne atesora un vigor conmovedor. Una señora que canta con semejante pedazo de voz no puede mentir. Por eso Marianne Faithfull siempre suena tranquila, segura, confortable, inteligente y sabia. Hay un paisaje después de la batalla en todo cuerpo. Triunfa la vida.