viernes, 15 de febrero de 2008

indian summer. Dave Brubeck



De joven, allá por años 70, yo pensaba tonterías acerca de Dave Brubeck. Me molestaba la perfección matemática de su “Take Five”, en la que veía algo de demoníaco objeto de diseño; tampoco soportaba aquellos chillones pantalones a cuadros, que, sin embargo, en Billy Wilder me parecían encantadores. No me consuela que yo no fuera el único en pesar y decir este tipo de ridiculeces. Lo que sí me consuela, me reconcilia con lo mejor que puede darnos la vida, es que Dave, a sus 87 años, grabe un disco de piano en solitario con un jazz desbordante de emoción, imaginación, equilibrio, conocimiento… Hace mucho tiempo que ya veo a Brubeck con lo mejor de mis ojos.

Pero “Indian Summer” me ha sorprendido, me produce un placer sibárítico, me permite reírme de mi mismo. Un día tranquilo y feliz, un día de verano indio para este otoñal artista que va paseando sus composiciones cargadas de esencias jazzísticas, descansando a la luz de canciones tan radiantes como “September Song”, “I´m Alone”, “Sweet Lorraine” o “Georgia On My Mind”. Hoy, este maestro de un jazz radicalmente individualista, que en su juventud estudió con luminarias de la música contemporánea como Schöenberg o Darius Milhaud, se expresa con una sencillez a tumba abierta. Un pilar de la sabiduría.


Dave Brubeck nació en California, en 1920. Combinó en su juventud el amor al jazz con el inquieto aprendizaje de la música clásica contemporánea. Fue muy criticado por establecer puentes entre ambos mundos. Junto al mágico saxo de Paul Desmond, Dave dejó una impronta popular en la historia del jazz. Los prejuicios no pudieron con él.

Publicado en Público