martes, 22 de mayo de 2007

Roberto Fonseca: "Mi política es mi música"

Roberto Fonseca (La Habana, 1975) adquirió el conocimiento de la música tradicional cubana formando parte del proyecto Buena Vista Social Club, concretamente acompañando con su piano al llorado cantante Ibrahim Ferrer. Del compatriota Ibrahim ha producido el disco póstumo de boleros “Mi sueño”. Criado en una familia de músicos, Fonseca empezó tocando canciones de los Beatles con la batería. Escuchó en la escuela a Herbie Hancock, Keith Jarrett, música clásica y afrocubana, funky, soul...
Eligió definitivamente el piano –siguiendo los consejos paternos- por considerarlo un instrumento más completo. Las composiciones de su disco “Zamazu”, con la música cubana como raíz, van en muchas direcciones. Hombre que vive para la música, última revelación internacional de la joven escena cubana, explorador de los silencios aprendidos de un maestro absoluto como fue el desaparecido Rubén González, Roberto Fonseca afirma: “Mi política es mi música”.

-Usted atesora juventud y experiencia.
He tenido la suerte de tocar en grupos con diferentes estilos de música, y eso me ha dado la oportunidad de incorporarlos. El vivir otras culturas ha hecho que se enriquezca la música que hago yo. Cuba es un país extraordinariamente musical, donde quiera hay música, músicos buenos. Lo que hace falta es más consideración por el mundo exterior. No es lo mismo escuchar algo en un cassette, un disco o estudiar libros, que contactar con la persona que está haciendo esa música. La práctica da mucho más que la teoría.

-¿En “Zamazu” busca un idioma propio?
El nombre del disco “Zamazu” no es una palabra complicada. La intención es hacer algo que todo el mundo lo entienda. He querido el evitar el cliché del músico cubano que hace jazz o música instrumental el puro en la mano y bebiendo mojitos. Quiero que la música cubana llegue lo más lejos posible, demostrar que no tiene límites.

-Tiene muchos amigos en esta primera obra solista.
Siempre hay muchas posibilidades, pero yo me he planteado la música como algo muy personal, como expresión de mi vida. He llamado para colaborar en el disco a gente que está conectada a mí, personas que yo admiro mucho. Trato de agradecerles el apoyo y la enseñanza, la energía y la espiritualidad que me han dado. El disco comienza con “Misa popular”, donde canta mi mamá Mercedes Cortés Alfaro. Si no fuera por Ibrahim Ferrer yo no estuviera aquí. Y está la gran Omara Portuondo, Cachaíto López. Carlinhos Brown es una persona buenísima. Vicente Amigo es cheverísimo. Son gente que tocan de corazón, que no están con mucha complicación. Tratan de que su lenguaje sea transparente.

-¿Sus referencias?
Como compositor me gusta mucho el camino del jazzista Abdullah Ibrahim. También la música clásica, el adelante que tenía Bach. Un día yo escuché el adagio de Albinoni, y dije, coño, por qué no hice yo eso. Me gustaría hacer algo tan transparente como “Woman No Cry”, de Bob Marley. El camino que yo he escogido es el de las pocas notas. Para mí, los silencios significan música. La madurez que he cogido con Buena Vista me ha hecho apreciar más eso. No quiero que me digan jazzista, ni clásico ni un jazz latino, no me gustan las etiquetas. Me gusta tocar de todo.