lunes, 19 de noviembre de 2007

“Quieren borrar la memoria de lo que pasó en Oaxaca”. Lila Downs



Junto con las canciones del álbum “La cantina (Entre copa y copa)”, Lila Downs (Oaxaca, México, 1968) viene presentando el nuevo material en que trabaja. En su concierto madrileño del próximo lunes 19 intervendrán como invitados Bunbury, Martirio y Gala Évora. Cantante, compositora y antropóloga, Lila ha creado un mundo propio con una mirada penetrante hacia la tradición, el indigenismo, la frontera y el folk y el blues norteamericano.

“El nuevo disco –explica Lila- se llamará “Calaveras”. En Oaxaca hemos vivido un rollo bastante fuerte de problemas. Empezó con problemas de los maestros y terminó con cosas de la jerarquía, cuestiones sociales y culturales. Ahora es una tragedia muy triste que quieran borrar de la memoria que pasó algo muy grave”.
Lila cuenta que su tierra se debate entre el orgullo y la corrupción: “Soy una oaxaqueña más, y opino que la elección del gobernador fue un fraude. La rebelión empezó con unas obras de remodelación de la ciudad en las que tiraron dos árboles simbólicos, dos laureles centenarios. Hubo muertes, pero se han hecho desaparecer las actas de la administración, los registros legales. Los problemas no se solucionan. Hay un teatro y por otra parte está la realidad. Mis nuevas canciones tratan de esto y de la emigración”.

Es importante para Lila mostrar los dos lados de la frontera. “Entre Estados Unidos y México –comenta- ha habido un cambio de actitudes. La gente está más dividida. Hay mayor hostilidad con la emigración. Es muy importante dar a conocer todas las idiosincrasias, las diversidades que hay en Latinoamérica. El día sin emigrantes resultó un poco desastroso, porque luego no ha habido una política de apoyo a los emigrantes. Las deportaciones han aumentado”.

Lila, con humor, se confiesa “muy rollera”. Sonríe libre, canta y se emociona al recordar a sus padres. “Nuestra tragedia está en tener vida y, a veces, no estar orgullosos de tenerla. Hay que tomar el pulque y el tequila. Esto lo percibió José Alfredo, que cantaba que la vida no vale nada. Los jóvenes, aunque los chavos cocinen y limpien la casa, y las mujeres vivan la sexualidad y la libertad de otra manera, están muy aguerridos con la canción tradicional mexicana. Yo también tomo mis tequilas. Soy hija de un norteamericano izquierdista y alcohólico, y de una madre mexicana, que canta y también bebe”.