jueves, 16 de septiembre de 2010

Iggy Pop, seducción, rabia, dolor, lujuria, contorsiones, acrobacias, romanticismo, sudor, bravura, pureza, inmolación...








Fecha: 18 mayo 1978
Lugar: Polideportivo de Móstoles (Madrid)
Artista: Iggy Pop
Telonero: Peligro


Fuimos allí porque “se sufre, pero se aprende”. Hubo barro hasta las orejas, para salir y para entrar. Es lo que tenía Madrid entonces -y ahora-, que se organizan conciertos en cualquier porqueriza. Y si está en el extrarradio, más coñazo. El reclamo para llegar tan lejos era Iggy Pop, que había dejado atrás sus tiempos con los Stooges y llegaba con el álbum “The Idiot”, apadrinado por David Bowie. Disfrutar de Iggy fue lo de siempre (por suerte): la voz en crudo, la brageta abierta, el torso desnudo y los latigazos en el pecho con lo primero que tenía a mano. Nunca habíamos visto nada igual; después, tampoco, si exceptuamos las siguientes visitas de la Iguana de Detroit. “I’m bored” y “I wanna be your dog” eran sus lemas. Y "Blah blah blah".

Corría la especie de que para lucir en escena esa musculatura tersa y lasciva, Iggy hacía pesas antes de cada concierto. La faceta teatral fue lo que más se disfrutó en esta actuación, ya que las condiciones acústicas del local sí que eran verdaderamente punkies. Y en eso de la “performance”, Iggy es un maestro. Lo suyo es dar una vuelta de tuerca a la seductora provocación de Mick Jagger, por el método de trocar los contoneos en contorsiones. Sin embargo, años después, en la terraza del Holiday Inn de Azca, Iggy me confesó: “Mi auténtico modelo para bailar es Neil Young (un neandertal, quiso aclarar el chapero de lujurioso lujo con exagerados y cómicos gestos de orangután). Entre bestias tan... tan románticas andaba el juego.