lunes, 12 de enero de 2009

Gaza. Barrenando la pelota.




Manifestación por Gaza
Madrid, 12 de Enero de 2009

Me parece una exageración infantiloide esas 250.000 personas que dicen los organizadores, El País (hoy matiza a 55.000) y Público. En cualquier caso, habría algo así, depende del momento, entre 20.000 y 50.000 gentiles, que ya es bastante.

Mi percepción: me he sentido INCÓMODO. Me parece de una cara dura espectacular que PSOE, IU, CC.OO y UGT se hayan puesto a la cabeza domando el discurso de origen, que era el estupor del colectivo de emigrantes palestinos que viven en Madrid. Gracias a estos politicastros ha ido más gente. ¿Cuál es el precio? Creo que este acto concreto ha ido embutido en un atorrante barullo ideológico; en el mejor de los casos bienintencionado, pero bastante tontorrón. De nuevo nos encontramos con las anabelenes y pilarbardemes pintando la mona. De nuevo, ese populacho que se droga con la cercanía de un famoso.

Nada de nada he visto que intentara ligarse a algún tejido social, que si actualmente no existe, pues algo habrá que reflexionar. Si no hay movilizaciones por la crisis y la angustia real de haber perdido el trabajo o verlo en peligro, ¿por qué tanta gente sale a calle de pascuas a ramos por Palestina o cualquier otra atrocidad? ¿Por qué no sale nadie a la calle por el sinfín de genocidios que se producen a diario en Africa, o la próspera y ejemplar China?

Me irritan profundamente esas pancartas con una necia ecuación: la esvástica de los nazis es igual a la estrella de Israel. Una cosa son los pueblos, incluso en el caso de un pueblo tan artificialmente creado como el de Israel, y otra sus gobernantes. Más todavía en periodo electoral: éste es el actual caso sangrante de Israel.

Consignas como “Palestina vencerá”, “Israel, asesinos” o “Intifada, intifada…”, me parecen una chorrada trasnochada, pereza mental. Una consigna que sí fue realmente novedosa, que se escuchó muy especialmente al paso de las banderas de las Juventudes Socialistas. “PSOE, PP, amigos de Israel”.

Me repugna bastante que se identifique Palestina con el salvajismo pedestre de Hamás.

Me subleva que no se diferencie ya entre Hamás y Al-Fatah, por muy corrupto que fuera Arafat. Por otra parte, nadie en su sano juicio puede creer que Arafat –con su joven esposa rubia colgando del brazo- se enriquecío de una manera más ilícita que Bush, Aznar, Felipe González, Giscard d´Estaing, Sarkozy, Andreotti, Berlusconi, Menem o Chavez.

Me aturde mucho el poco interés que veo en tanta gente por comprender, por ir algo más allá de seguir consignas lerdas o utilizar la protesta como confortable premio de consolación.

Me mosquea mucho la falta de decencia en una parte bien nutrida de la llamada izquierda.

Me asquea que en la derecha no haya ni una sola voz discordante con el rollo patatero de que Israel tiene legítimo derecho de defenderse de unos terroristas que tiran cohetes, que los habitantes de Gaza, por elegir democráticamente a Hamás, se han buscado que se masacre a ese follón de gente recluida en un campo de concentración.

Esos terroristas cutres de Hamás van a salir fortalecidos, igual que los cenutrios israelíes de Kadima. Las víctimas son población civil, inocentes, carne de cañón.

Hay que reparar en que no siempre, incluido el estado de Israel, se lanza al ejército contra la población civil de otros países para ganar unas elecciones. La lucha electoral, incluso en Israel, no siempre ha conllevado la comisión de un crimen contra la humanidad.

Las potencias occidentales, con la excusa de frenar la órbita soviética en la Guerra Fría, destruyeron en Oriente, África y todo el orbe musulmán, la posibilidad de construir estados “independientes”, países configurados desde la democracia formal y la necesaria laicidad para cualquier convivencia medianamente razonable.

Por parte de EE.UU, como gendarme absoluto de su propio orden internacional, se ha apoyado y se apoya a sátrapas tribales y monstruos fundamentalistas, se da alas a lo más reaccionario y cavernícola de cualquier rincón del planeta. Especímenes furiosos a los que se ha alimentado, armado y enriquecido, se convierten en amigos para, a renglón seguido, cuando se crecen y revuelven como alimañas, convertirse en enemigos.

Se utilizó antes y se utiliza ahora a los señores de la guerra (también a los imanes)para hacer política. Hoy la situación es ligeramente distinta: los políticos mutando en señores de la guerra.

Y arte de birli birloque, regresamos al punto inicial enunciado por el general prusiano von Clausewitz: "La guerra es la continuación de la política por otros medios". Aunque en su origen esa idea no implicaba el funesto cinismo que hoy le da un sentido absoluto, los acontecimientos han acabado siendo así de descarnados. Parece, por la magnitud, cantidad y cualidad de las guerras actuales, que vamos hacia atrás. Y con el rabo entre las piernas.