domingo, 6 de enero de 2008

“¡Papi, cómprame un Kaláshnikov!”. k.d. lang



Ese trajín de enmiendas a la Constitución de EE. UU. vale tanto para un roto como para un descosido. Hay en EE.UU. un montón de gente desvariante que, acogiéndosela con la segunda enmienda, defiende lo indefendible: que el derecho a portar armas es esencial en el rollo de los derechos humanos, que es “bueno, divertido y necesario”. La parte más aguerrida de esta peña, unos 20.000 pistoleros, se reune en el Festival de la Metralleta de Knob Creek, en Kentucky, para dar rienda suelta a sus liquidadores instintos. Y para allá que se fue Jon Sistiaga con su curioso surtido de camisas modernas. Y se volvió con “¡Papi, cómprame un Kaláshnikov!”, reportaje de Cuatro sobre esos días de camping en el paraiso de las armas para mayores y chiquititos.

Sistiaga no se privó de ser impertinente, ni de adjetivar a esta tropa del “lo que no mata, te hace más fuerte”. Hay que comprender a Jon: no cualquiera tiene estómago para permanecer impasible ante descarados tarumbas que hacen patria con mandamientos tan preciosos como éste: “Deshazte de tu ex. Un tiro basta”. Estos fulanos hasta desafían a las mateméticas: “Si sabes cuántas armas tienes, es que no tienes suficientes”.

Y por allí se pasean los nazarenos del KuKlux Klan, hoy con sus cabezas peladas, sus exterminadoras esvásticas y sus sogas para colgar frutos extraños: negros, latinos, judíos… Y no les falta de nada: lanzallamas, napalm, un kit de bolsitas con explosivos… Es gente piadosísima, partidarios del cristianismo salvaje. Que en España no tengamos una segunda enmienda que nos permita liarnos a tiro limpio porque sí les parece “terriblemente aburrido, muy triste, deprimente y peligroso”. Arcangélica sonó la voz de Anthony, también la versión del “Hallelujah” de Leonard Cohen.