miércoles, 28 de mayo de 2008

el filósofo tranquilo. Van Morrison



Tiene que ser una lata competir con el propio pasado. Van Morrison se lo toma con calma, nos propone coger su música como va saliendo, simplemente. No podemos esperar que en cada disco haya un nuevo “Gloria”, otro “Moondance”. Tampoco es razonable sentirse defraudado porque el León de Belfast no interprete a cada momento como un poseso, revolcándose de placer por los suelos como hiciera antaño al cantar “Caravan” en la película “The Lats Waltz”. Significa esto que el León se ha domesticado, que se ha vuelto pesetero con su arte y rácano con sus emociones. Pues no.

Nadie puede pasarse toda la vida colocándose al límite de su genio. Tampoco necesita Morrison abogados de pleitos pobres. Así que aquí vayan mis excusas por esta digresión inicial.

A Van Morrison hay que compararlo en cada momento con la música de su época. Pocas dudas pueden caber, tras un simple vistazo a su alrededor, que este “Keep it Simple” está muy por encima de las propuestas lanzadas por los que están arriba de la media. Si nos sacudimos de encima una cierta beatería atenta a acompañar a todo lo que es joven, bastantes de los artistas que conformaron en los años 60 y 70 la música que actualmente escuchamos, no dan muestras de estarse preparando para la jubilación. Es más, algunos, cuanto más profundizan en su oficio, más desinhibidos y espontáneos abordan su arte. La peor palmada que se le puede dar a alguien para desautorizarle es asegurar que hace algo “fresquito” por el simple hecho de ser joven.

Estas instrumentaciones de seda fina que acompañan a una voz lúcida y perdida en sus ensimismamientos, este trance que es la gloriosa marca de la casa, hablan de una constante de la estética de Van Morrison: su filosofía de la música. Lo explica en el tema “That´s Entretrainement”. Otras veces lo ha dicho de manera explicita: amar a John Coltrane implica echarle unas cuantas oraciones a Louis Jourdan. Soul y rhythm and blues en tiempos medios, con su pellizco de country, es lo que hay en este disco. Si Dylan sigue cantando que nunca más irá a trabajar a la granja de Maggie, Van suelta, arrogante, que no piensa volver a los nightclubs. Una humorada dicha en tono serio.

“Soul es un sentimiento, un sentimiento profundo. Soul no es un color de la piel”, canta Van. Un genio dentro de cuya música hay un montón de música. Un sentimiento místico que hace la vida más alta. Detrás del ritual, beber un buen vino. Hacer música, también escucharla, porque vinimos a este mundo para esto. Lo importante de Van Morrison es que cada vez está más centrado en el hecho personal que desencadena su música. No creo que este disco suene mucho por la radio. Pero esa es otra historia.

Artista
Apabulla la biografía de Van Morrison (Belfast, 1945). Cantautor y multiinstrumentista, Van debutó a los 18 años con Them, una banda de rhythm blues y soul que conmocionaría la escena del rock de los 60. A comienzos de los 70, se trasladó a California y destapó el tarro de las esencias de los sonidos psicodélicos. Entre los referentes de su superdotada voz están Ray Charles, Jackie Wilson o John Lee Hooker. Un tipo que no cambia de ideas fácilmente. Apegado a la gran música negra o al country de Hank Williams, Van es uno de los grandes nombres de la música popular. En todos los sentidos.