lunes, 14 de enero de 2008

elogio del formato. "Días de Cine". Antonio Gasset Dubois


Ante el nuevo rumbo de “Días de Cine”, lo primero es liberar una lagrimita por la jubilación de Antonio Gasset. Nunca tendremos otro como él. El talento en la punta de la lengua, siempre a punto para clavarlo en los dimes y diretes de la información de cine por televisión. Aunque este buen programa estuviera –y siga- arrinconado a la hora de las brujas, Gasset recogía el guante con elegancia y lanzaba el dardo en la plalabra: “Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes”.

Le ha sustituido Cayetana Guillén Cuervo. Sus presentaciones son otra cosa: el arte de quedar bien. Hubiera dado igual poner a un cyborg risueño. Gasset tocaba la fibra sensible: “Lo mejor de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia está enamorada de otro”. Antonio se revolvía contra la pesadez de la publicidad. “Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar… Era un patético intento de mantener la audiencia”, dijo en alguna ocasión.

Pero no sólo de la gracia de Antonio Gasset Dubois vivía la información de cine en televisión. El gran acierto del programa es su formato. Información rápida y efectiva, servida a un espectador inteligente al que no hay que dorarle la píldora babeando sobre lo guapos que son los actores y actrices, sobre las grandes cantidades de dinero que mueve o no mueve este negocio. Se insinúan las tramas. Se apuntan con buen tino las biografías de directores, guionista y actores. Los reportajes express, ofreciendo datos útiles, ponen al día al espectador. No hay cotilleo tontorrón sobre el glamouroso mundo del cine. Más aún, sobra toda autocomplacencia con la materia tratada.

“Días de cine” es un modelo a seguir, no sólo para los programas de cine. También para cualquier programa de información cultural. La eficacia y el humor priman por encima de todo. El resultado es un programa entretenido, cabal y útil. De este modelo todavía tienen mucho que aprender los programas musicales, siempre empantanados con las cifras de ventas y audiencias, en las promociones teledirigidas. Los cinéfilos no se perdían “Días de cine”. ¿A cuántos amantes de la música les interesan esos magacines quiero-y-no-puedo de música con “besazos” para quien sea? El séptimo arte, por “Días de cine”, es tratado con respeto e inteligencia. La música no tiene esa suerte. Los magacines musicales son el reino de la tontería, el sinsentido y la presión industrial.

Publicado en ´Público