viernes 7 de diciembre de 2007

Narco-corridos y violencia: la pistola y el corazón


Canción y violencia forman una antigua tradición en la música mexicana. Mucho más vieja es la asociación que forman la pistola y el corazón. En los primeros años 70 empezó a hacer furor el género de los narco-corridos, con el éxito de Los Tigres del Norte y sus piezas “Contrabando y Traición” y “La Banda del Carro Rojo”. Pero lírica similar la encontramos ya a finales del siglo XIX. Así lo demuestra el corrido hagiográfico “Mariano Reséndez” (1890), donde se narra la historia de un célebre contrabandista.

En los felices o duros años 20 y 30 del siglo pasado, como consecuencia de las leyes prohibicionistas del tráfico de alcohol entre México y Estados Unidos, aparecen piezas de autor conocido o desconocido, como “Los Tequileros”, “Contrabando de El Paso”, “La Cocaína”, “La Marihuana”, “Corrido del Hampa”… Pero es a partir de la década de los 70, cuando se desarrolla con fuerza la estética llamada “grupera”, que tiene muy presente en su temática al narcotráfico o la frontera y emigración clandestina. Algunos nombres lo dicen todo. “Cruz de Marihuana”, por Grupo Exterminador; “El Rey de Los Capos”, por La Furia Norteña; “El Gran Mafioso”, por Uriel Henao y sus Tigres del Sur…

Estos corridos no hacen otra cosa que adaptar a la realidad mexicana los cantos a la mayor gloria de lo que el historiador británico E.J. Hobsbawn llama “bandidos sociales”. Estos nuevos Robin Hood o Luis Candelas llenan el imaginario popular de las sociedades modernas. Los corridos con las hazañas del buen bandido llegaron a donde no llegaban los periódicos en un público que no sabía leer y escribir. Esa lírica sigue vigente.

“El público –nos explicaban Los Tigres del Norte- quiere saber qué es lo bueno y qué es lo malo. Nosotros cantamos las canciones como el que cuenta una película. La nueva juventud ve ese desafío que los personajes tienen. Uno se pone a pensar en el valor de esta gente para meterse de lleno en el narcotráfico, que lo hacen como el que estudia una carrera de ingeniero agrónomo. Lo hacen tan normal… La nueva juventud quiere dinero rápido, no perder tiempo. Esas facilidades las da el narcotráfico. Los grupos que se involucran con los personajes, hay motivos sin explicar, tienen problemas o muertes…Si te portas mal…”

Una oaxaqueña moderna, cantante y antropóloga, como Lila Downs nos hablaba con algo de tequila y muchas cautelas sobre los recientes sucesos de Oaxaca: “Opino que la elección del gobernador fue un fraude. La rebelión empezó con unas obras de remodelación de la ciudad en las que tiraron dos árboles simbólicos, dos laureles centenarios. Hubo muertes, pero se han hecho desaparecer las actas de la administración, los registros legales. Los problemas no se solucionan. Parece que en las elecciones generales de 2006 también hubo fraude. Hay un teatro, y por otra parte está la realidad”.

Ningún otro término como el de “espectacular” encaja mejor con la escenografía del asesinato de Zaida Peña, cantante del grupo Los Culpables. Tras ser tiroteada en un motel al norte México, Zaida fue rematada por un sicario en la cama del hospital donde se trataba de salvar su vida. El género artístico de Zaida y Los Culpables era la “música grupera”. En el peor de los casos, la canción y el narcotráfico son “cosas incompartidas”.


Publicado en Público